El de la adicción

Adicción. Puedo pasar sin comprar ropa. Sin grandes viajes, cenas en restaurantes… Pero no sin libros. Los compro, los cojo prestados, voy a bibliotecas… Me gusta su forma, su olor cuando son nuevos; imagino las manos por las que han pasado, los ojos que los han recorrido cuando son usados. Pero mi adicción estaba más o menos controlada. Hasta que llegó Peque.
Cuando él nació me prometí a mi misma que no le faltaría nada. Le querríamos por encima de todas las cosas. Jugaríamos con él, le enseñaríamos a caminar, a comer. Estaremos ahí cuando le rompan el corazón y cuando consiga su primer empleo. Lo típico que prometemos todos los padres.
Mis mejores juguetes fueron los libros. Me abrieron ventanas a mundos desconocidos y me ayudaron a entender lo que me rodeaba. Quiero que Peque los disfrute tanto como yo.
Peque tiene menos de seis meses y más de dos docenas de cuentos. Es tan pequeñito que parece absurdo. Pero creedme: hay un cuento para cada momento. Y cuentos para muchos momentos. Y aquí están todos ellos.

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